BALZAC LA PIEL DE ZAPA PDF

Alentado por su popularidad, hizo crecer su fama publicando una variedad de narraciones breves y de ensayos en revistas tales como: Revue de Paris , La Caricature , y La Mode. Sin embargo, en el camino el joven decide entrar en una tienda rara e inusual, la cual encuentra llena de curiosidades de todo el mundo. El comerciante de aquel local, ya algo anciano, lo conduce a un pedazo de piel colgando en una de las paredes. Organiza su hogar para evitar la posibilidad de desear cualquier cosa: su criado, Jonathan, ordena los alimentos, la ropa, y los visitantes con una estricta regularidad. La piel concede un mundo de posibilidades a Valentin, y la utiliza para satisfacer muchos de sus deseos. Obligado a enfrentarse en un duelo , por ejemplo, explica como no necesita ni evitar el tiro de su oponente, ni apuntar su propia arma, ya el resultado es inevitable.

Author:Kiramar Tojalar
Country:Belarus
Language:English (Spanish)
Genre:Health and Food
Published (Last):12 September 2007
Pages:285
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ISBN:402-9-96894-196-6
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Cuando entras en una casa de juego, la ley comienza por despojarte de tu sombrero. Entre el jugador de la madrugada y el jugador de la tarde, existe la diferencia que separa al marido indolente del amante embobado bajo los balcones de su beldad.

Intentad lanzar una mirada furtiva sobre aquella palestra, entrad Ni siquiera se encuentra un clavo para facilitar el suicidio. Una mesa oblonga ocupa el centro de la sala. El ambicioso se imagina en la cumbre del poder, sin dejar de rastrear por el fango del servilismo. Aquella cabeza meridional respiraba oro y fuego. Sus juveniles facciones estaban impregnadas de una gracia nebulosa; sus miradas denunciaban esfuerzos fracasados, mil esperanzas defraudadas.

Todos los presentes miraron al afortunado jugador, cuyas manos temblaban al contar los billetes de Banco. Existe algo de grande y de horrible en el suicidio. El desconocido fue asaltado por mil pensamientos semejantes, que pasaban en jirones por su alma, como desgarradas banderas ondeantes en el fragor de una batalla. En poco estuvo que ajustase algunos. A primera vista, los almacenes le ofrecieron un cuadro confuso, en el que se amontonaba lo divino y lo humano.

Un asador se hallaba colocado junto a un viril, un sable republicano sobre un mandoble de la Edad Media. Frente por frente, una reina latina acariciaba su quimera con amor.

Vio las conquistas de Alejandro en un camafeo, las matanzas de Pizarro en un arcabuz de mecha, las guerras religiosas, desenfrenadas, ardientes, crueles, en el fondo de un casco. Dudando, en fin, de su existencia, estaba como aquellos curiosos objetos, ni muerto del todo, ni vivo en absoluto. Y ambos se miraron durante un momento, dando mutuas muestras de asombro. Los terrores de la vida eran impotentes contra un alma familiarizada con los terrores de la muerte.

Una deslumbradora claridad le hizo cerrar los ojos. Una sagacidad inquisitorial, revelada por las sinuosidades de las arrugas y por los pliegues circulares dibujados en sus sienes, denotaba un conocimiento profundo de las cosas de la vida. En aquella faz, se transparentaba la estoica tranquilidad de un dios que todo lo ve o la seguridad altiva del hombre que todo lo ha visto. El moribundo joven se sobre. La cabeza del Salvador de los hombres se des- tacaba de las tinieblas del fondo.

El Evangelio se reflejaba en la tranquila simplicidad de aquellos ojos adorables, refugio de las almas conturbadas. Pero acomoda tus aspiraciones a tu vida. Les alabo el gusto; yo he dudado, me he abstenido y Voy a revelar a usted, en pocas palabras, un gran misterio de la vida humana.

El hombre se consume a causa de dos actos instintivamente realizados, que agotan las fuentes de su existencia. Una idea. Por eso me he cernido sobre el mundo, en el que todos mis placeres fueron siempre goces intelectuales.

Lo he visto todo; pero tranquilamente, sin cansancio. Tengo un serrallo imaginario, en el que poseo a todas las mujeres que no he conocido. Con frecuencia, contemplo vuestras guerras, vuestras revoluciones, y las juzgo. Pero si no se burla usted de la desgracia, le deseo, para vengarme de tan fatal servicio, que se enamore perdidamente de una bailarina. Tales fueron las corteses interpelaciones que cambiaron.

No te hemos encontrado en ninguna parte; ni en los registros de Santa Pelagia, ni en los de la Fuerza. Pero hay algo que tal vez ignoras. Si hemos disfrutado tanto al cometer nuestros primeros pecados, ha sido por. Se mofaba de todo, hasta de su porvenir. Uno acababa de revelar su incipiente talento, emulando, con su primer cuadro, las glorias de la pintura imperial.

En realidad, ese hombre no se ha tomado el trabajo de amasar su dinero sino para nosotros. Su aspecto es el de un hombre sin tacha. Los dos amigos se sentaron, riendo. Todos renunciaron a ensalzar su capacidad intelectual, para reivindicar la de los toneles, pipas y cubas. Era un libro y un cuadro, todo en una pieza. Si dejamos reinar a Mahmud en Constantinopla, es por pura condescendencia, y por falta de dinero y de soldados.

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La piel de zapa – Honoré de Balzac

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