UN HOGAR SOLIDO ELENA GARRO PDF

No hay ventanas ni puertas. Lleva el pelo atado en la nuca un lazo rojo. Pensamos que por respeto.. Cada vez llegaba al palco. Le gustaban mucho los caminitos de cal dejados por la cicatriz.

Author:Yozshuhn Faenos
Country:Denmark
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):27 July 2011
Pages:288
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ISBN:662-6-82942-346-3
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Arriba se oyen muchos pasos. Se detienen. Vuelve el ruido de pasos. Cada vez que llegaba al palco… Clemente interrumpiendo. Catita mientras tanto ha estado ayudando a Jesusita a arreglarse la cofia. Clemente a Gertrudis. Le gustaban mucho los caminitos de cal dejados por la cicatriz. No es hora de cantar. En mis tiempos la gente se anunciaba antes de caerle a uno de visita.

A todo le pones pero. Sigue bailando. Tu traje rosa giraba, giraba, y tu cuello estaba muy cerca de mi boca… Jesusita. Clemente alarmado. Entra un rayo de luz. Alguien viene; a lo mejor es una de tus primas. A ver si se te quita esa tristeza. Aparece Eva, extranjera, rubia, alta, triste, muy joven, en traje de viaje de Batida por los vientos que nos arrullaban en la noche. Arriba separan la primera losa. El cuarto se inunda de sol. Y como es… Muni entra en pijama, con el rostro azul y el pelo rubio.

Todos callan. Empieza el descenso de Lidia, suspendida con cuerdas. Viene tiesa, con un traje blanco, los brazos cruzados al pecho, los dedos en cruz, la cabeza inclinada y los ojos cernidos. Cuando me vine era tan chiquita como Muni Lidia queda de pie, en medio de todos, que la miran.

Luego abre los ojos. Lo abraza. Los abraza. Aquel gris, con las vueltas de brocado y el ramito de violetas en el cuello. Un discurso. Voz del discurso. Tiemblen los hogares ante la inexorable Parca… Clemente. Con decirles que echaba de menos a los franceses… Voz del discurso. Empiezan a poner las losas. La escena se oscurece paulatinamente. El azul le va muy bien a los rubios. Ni ver las esquinas, apoyo de borrachos, meadero de perros. Lustraban los espejos, para ahuyentar nuestras miradas hostiles.

Los ojos furiosos no dejaron de mirarme nunca. En ese patio ajeno, lejos para siempre del otro patio en cuyo cielo un campanario nos contaba las horas que nos iban quedando para el juego.

No nadaremos en el Mezcala: seremos el Mezcala. Da miedo aprender a ser todas las cosas. Todos a coro. Catalina llora. Yo no vi nada. Yo quiero que haya mundo. A lo lejos se oye una trompeta. Es el toque de queda. Me voy. Soy el viento.

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