GILLES LIPOVETSKY HIPERMODERNIDAD PDF

En la actualidad, la falta de recono- cimiento figura en segundo lugar detrs de las presiones por la eficacia y los resultados como factor de riesgo de la salud mental del individuo en el trabajo. El aumento de la decepcin no deri- va mecnicamente de los despidos, las deslocaliza- ciones o la gestin estresante del potencial de cada individuo: arraiga igualmente en los ideales indi- vidualistas de plenitud personal, vehiculados a gran escala por la sociedad de hiperconsumo. El ideal de bienestar ya no se refiere slo a lo mate- rial: ha ganado el pulso en la pro pa vida profesio- nal, que debe llevar a buen trmino las promesas de realizacin personal. Ya no basta con ganarse la vida, hay que ejercer un trabajo que guste, rico en contactos, con buen ambiente.

Author:Sazil Dogal
Country:Botswana
Language:English (Spanish)
Genre:Literature
Published (Last):21 September 2018
Pages:368
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En la actualidad, la falta de recono- cimiento figura en segundo lugar detrs de las presiones por la eficacia y los resultados como factor de riesgo de la salud mental del individuo en el trabajo.

El aumento de la decepcin no deri- va mecnicamente de los despidos, las deslocaliza- ciones o la gestin estresante del potencial de cada individuo: arraiga igualmente en los ideales indi- vidualistas de plenitud personal, vehiculados a gran escala por la sociedad de hiperconsumo. El ideal de bienestar ya no se refiere slo a lo mate- rial: ha ganado el pulso en la pro pa vida profesio- nal, que debe llevar a buen trmino las promesas de realizacin personal.

Ya no basta con ganarse la vida, hay que ejercer un trabajo que guste, rico en contactos, con buen ambiente. De aqu el cre- ciente desfase entre las aspiraciones a la realizacin de uno mismo y una realidad profesional a menu- do estresante, ofensiva o fastidiosa.

A medida que se destradicionaliza, la actividad profesional se vuelve una esfera ms decepcionante, aunque los asalariados no acaben de reconocerlo. Casi todos dicen que son felices en el trabajo y que con- fan en la empresa, pero, mira por dnde, creen que los dems se sienten infelices e insatisfechos. Dira usted que el fi"acaso de Las filosofias mo- rales de La filicidad es mds responsable de La decep- 32 cin que el endurecimiento neoliberal al que se en- fientan los individiws? Los dos fenmenos se conjugan juntos y se potencian entre s.

La exigencia de realizarse y ser felices se intensifica incluso cuando las dificulta- des objetivas aumentan un punto. Bajo el efecto de esta confluencia, la decepc;in es una expe- riencia que se extiende.

EL neoliberalismo no es el nico generador de decepcin, tambin tenemos el sistema escolar. Cre- ce la conviccin de que la escuela ya no pemzite as- cender en la escala social que los ttulos ya no ga- rantizan la obtencin de un empleo de calidad. La verdad es que esa idea carece de funda- mento slido, porque los titulados tienen ms oportunidades de introducirse en la vida profesio- nal que los que carecen de referencias acadmicas.

Sin embargo, es innegable que hoy los ttulos no permiten tanto como durante la Treintena Glo- riosa [] acceder a los empleos que sera lcito pretender. Cada vez es menos segura la con- cordancia entre el ttulo y el nivel del empleo. Hasta los aos sesenta, la escuela de la Repblica y la prolongacin de la escolaridad crearon una es- 33 peranza de promocin social entre las capas me- nos favorecidas.

Esta dinmica se ha encasquilla- do. El xito escolar y la seleccin de lites siguen estando determinados en amplsima medida por el origen social.

Slo una pequea fraccin de hi- jos de inmigrantes consigue entrar en la universi- dad. De aqu la prdida de confianza y las desilu- siones en relacin con la escuela, que no llega o apenas llega a cumplir su papel de correctora de desigualdades y agente de movilidad social. En la base de la escala social, muchos jvenes se pre- guntan por qu estudiar una carrera si sta no permite obtener un empleo correspondiente a sus esperanzas y ellos estn condenados al paro y a los salarios de hambre.

La institucin, que anta- o era portadora de un proyecto igualitario y de promocin social, ya no lo es. Cada ao salen del sistema escolar La probabilidad de que los nios pro- cedentes de las capas populares sean directivos es cada vez menor.

El problema es tan grave como escandaloso: la escuela es hoy el centro de la de- cepcin. En efecto. Pero las razones no son slo escola- res. Antes, la escuela, pero tambin el ejrcito, la Repblica, estaban a la altura del proyecto polti- co de integracin. Este ,modelo funciona- ba, era capaz de despertar el deseo de ser francs, el orgullo de ser francs Nosotros estamos en otro plano: el sentimiento de ser parte de una nacin decre- ce entre los jvenes, mientras que aumentan los particularismos religiosos y localistas.

La mquina de integrar, de hacer que los franceses se sientan felices de serlo, se ha averiado. Cmo aislar este fenmeno de la agudizacin de la precariedad del empleo y de la degradacin de la situacin econ- mica y social? El paro de los jvenes y de sus pa- dres crea sentimientos de injusticia y margina- cin. Los jvenes de la periferia estn en cierto modo hiperintegrados en nuestra sociedad, por su aspiracin a gozar de las ventajas de este mundo.

No tienen alma de inmigrante, en absoluto: for- mados por el universo consumista, comparten sus sueos. Mientras tanto viven en el infierno de una cotidianidad hecha de frustraciones: por eso unos caen en la violencia y la delincuencia y a otros les tienta el repliegue identitario, incluso el isla- 35 mismo radical, que funcionan como instrumentos de reconocimiento y afirmacin de uno mismo.

Caben pocas dudas al respecto: en la sociedad hiperindividualista, la integracin en la comuni- dad nacional exige como condicin imprescindi- ble la integracin por el trabajo. Pero condicin imprescindible no significa condicin suficiente en una poca en que se consolidan la negacin de todas las formas de depreciacin de uno mismo y la necesidad de reconocimiento pblico de las di- ferencias locales. Para volver a poner en marcha la mquina integradora, harn falta, al margen del crecimiento sostenido, polticas que tengan en cuenta, de un modo u otro, la cuestin de la di- versidad etnocultural: en pocas palabras, promo- ver medidas para remediar las prcticas discrimi- natorias de que son objeto las minoras visibles en las empresas, los medios, los partidos polticos.

Tambin har falta, en el mbito educativo, fo- mentar las becas y los dispositivos de sostn que permitan a los marginados y a los jvenes de fa- milias inmigrantes tener un mayor acceso a la me- jor educacin.

No habr integracin sin una pol- tica justa hacia las minoras visibles, sin acciones decididas que aumenten la igualdad de oportuni- dades. Pese a todo, no es la vida privada el lugar fo- vorito de la espiml de la decepcin? Pensemos en el trmino decepcin: se vincula sobre todo con la vida sentimental. Nuestras grandes desilusiones y frustraciones son mucho ms afectivas que polticas o consumistas.

Quin no ha vivido esta torturante experiencia? El estrecho vnculo del amor con la decepcin no es nada nuevo, evidentemente. Lo nuevo es la multiplicacin de las experiencias amorosas en el curso de la vida. No es que nos desengaemos ms que antes: es que nos desengaamos ms a menudo. Cmo se explica que la decepcin est to- dava asociada hasta este punto a la vida senti- mental? Hay que olvidarse de ese lugar comn que dice que las relaciones comerciales han con- seguido fagocitar todas las dimensiones de la vida, incluidos los sentimientos y el amor, una vieja idea que se encuentra ya claramente formulada en Marx.

En realidad, no hay nada ms ineiacto: el amor no deja de celebrarse en la vida cotidiana, en las canciones, el cine, la televisin, las revistas.

Si el utilitarismo comercial progresa, lo mismo le ocurre a la sentimentalizacin del mundo. Ya no hay matrimonios por inters, slo el amor une a la pareja; las mujeres suean todava con el Prn- cipe Azul y los hombres con el amor; se srgue 37 obrando de manera desinteresada con los hijos y se les quiere ms que nunca.

Los hechos estn ab: la comercializa- cin de las formas de vida no comporta en abso- luto la descalificacin de los valores afectivos y desinteresados. Lejos de ser una antigualla, la va- loracin del amor es el correlato de la cultura de la autonoma individual, que rechaza las pres- cripciones colectivas que niegan el derecho a la bsqueda personal de la felicidad.

Con la cn- rnica incvidualizadora, todos quieren ser reco- nocidos, valorados, preferidos a los dems, de- seados por s mismos y no comparados con seres annimos e intercambiables. Si adjuccamos tanto valor al amor es, entre otras cosas, porque responde a las necesidades narcisistas de los inc- viduos para valorarse como personas nicas. Pero precisamente por brillar en el firma- mento de los valores, el amor genera con fre- cuencia lacerantes decepciones.

Llega un mo- mento en que deja de haber encanclamiento y se apagan las perfecciones y los encantos que adornaban al otro. Qu idealizacin, qu sueo puede durar indefinidamente entre la imperfec- cin de las personas y la repeticin de los das? Poco a poco descubrimos aspectos del otro que no nos gustan y nos ofenden. El amor no es slo 38 ciego; tambin es frgil y fugitivo. Las personas que aman en determinado momento dejan de amar porque los sentimientos no son objetos in- mutables y las personas no evolucionan de ma- nera sincrnica.

Lo que era euforia se vuelve aburrimiento o desnimo, incomprensin o irri- tacin, drama con su racin de amargura y a ve- ces de odio. Las separaciones,, los cvorcios, los conflictos por la custoca de los hijos, la falta de comunicacin ntima, las depresiones que sur- gen de ah, todo esto ilustra las desilusiones en- gendradas por la vida sentimental. En este senti- do hay que escuchar a Rousseau: dado que el hombre es un ser incompleto, incapaz de bastar- se solo, necesita a otros para realizarse.

Depositamos en el otro esperanzas tre- mendas, pero el otro se nos escapa, no lo posee- mos, cambia y nosotros cambiamos. As, cada cual ve burladas sus mejores esperanzas.

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Lipovetsky GilĂ­es - Los tiempos hipermodernos

He studied philosophy at University of Grenoble, and participated in the student uprising in Paris to change the French educational model. However he criticizes the model that came from that as producing alienated individuals with fragile personalities prone to emotional disorder due to hedonism and immediate gratification. With the success of his first book, he has become well known in many parts of the world and has become one of the most important French intellectuals of the latter 20th century. His has divided this time period into three periods: "Marxist self criticism" , post- modern and the hyper modern period from on. This began with his book, which declared the world to be post-modern, characterized by extreme individualism and the dissolution of politics based on political parties, turning its back on a strong sense of social duty on which democracy and socialism depend. However, by the end of the s, he proposed that this term had become obsolete and unable to describe the world past He then proposed "hyper-modern," similar to post-modern but with a superlative and unstoppable meaning, focusing on new technologies, markets, and global culture.

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